En un sábado de fría mañana
unos corredores, locos de atar,
se reúnen sin ver que una dama
se acerca para con ellos trotar.
Esta mujer de vestir resaltante
por el manto negro y no el rojo,
para usarlo necesitaría arrojo,
vestir ese color le es insultante.
Por ser la calaca última en llegar
Luis la pone al centro a calentar,
cosa que no le cayó en gracia
notoria mirada asesina le lanza.
Ya que el grupo se pone a trotar
la parca se muestra preocupada,
no porque el cuerpo pueda sonar
sino por quedar deshidratada.
Extenuada se empieza a ver,
el paso de estos rojos la matará,
una lección tiene que aprender;
a ningún runnersplus se llevará.
Gran sorpresa se lleva cuando
ve que sólo estaban calentando,
llegó la hora de en verdad correr,
ni al más atrasado podrá morder.
Artimañas tendrá que planear
para que a alguno de ellos pueda
con calma y cómoda almorzar,
un mejor remedio no le queda.
Primero a Eder quiso desollar,
su problema; lo debe detener.
Con un camión lo quiere arrollar
para así no tener que contender.
Al detenerse Eder a tomar aire,
la muerte trata de darle alcance.
El runner al percatarse que viene
sale volando y nada lo detiene.
Tan rápido corre este asustado,
que el deseo de muerte va suceder,
carne y huesos se van separando
un nuevo miembro va a poseer.
Algunos corredores van al castillo
Jorge a la puerta ya ha llegado,
la huesuda emocionada propone
de cadete vista para ver su porte.
Emocionado se pone el uniforme
sin saber lo que ella hacer espera
con engaños a la azotea lo lleva,
toma la bandera y lo envuelve.
¿Quién diría que tan chico moriría?
Con tanta altura se dio un golpazo
ya nadie jamás lo encontraría
pues seis pies abajo a quedado.
La huesuda ya está encarrerada,
a alguno más quiere atrapar,
la siguiente perecerá asfixiada
para que así la pueda parar.
Va por las amigüis Karla y Gaucín,
corriendo y placidas van platicando,
cuando las cubre nube de aserrín
con esto frenarlas lo ha logrado.
Ni el Iron ahora de esta las salva,
pues la muerte el ojo le ha clavado
a él sólo le arrancará su alma
para que corra siempre castigado.
La siguiente víctima será Áurea,
gran fin la calaca le ha preparado
ya que aferrada está corriendo tanto
encerrada la deja en pequeña área.
Desearía con el rojo ser invisible
para hoy no ser tomada en cuenta
salvarse ahora ya no es posible,
la tumba fria es su próxima meta.
Alguien que quizá tenga vida eterna
es Charlie, quien algo le ha obsequiado
una larga túnica, cómoda y tersa prenda
que a la calaca sonrisa ha arrancado.
A los que aquí no son mencionados
no se sientan hechos a un lado,
en estos versos ser aludidos
los puede dejarlos muy asustados.
La muerte un mensaje ha dejado,
esta vida larga como un maratón
la corran sin miedo y con todo
que la única meta es el panteón.
unos corredores, locos de atar,
se reúnen sin ver que una dama
se acerca para con ellos trotar.
Esta mujer de vestir resaltante
por el manto negro y no el rojo,
para usarlo necesitaría arrojo,
vestir ese color le es insultante.
Por ser la calaca última en llegar
Luis la pone al centro a calentar,
cosa que no le cayó en gracia
notoria mirada asesina le lanza.
Ya que el grupo se pone a trotar
la parca se muestra preocupada,
no porque el cuerpo pueda sonar
sino por quedar deshidratada.
Extenuada se empieza a ver,
el paso de estos rojos la matará,
una lección tiene que aprender;
a ningún runnersplus se llevará.
Gran sorpresa se lleva cuando
ve que sólo estaban calentando,
llegó la hora de en verdad correr,
ni al más atrasado podrá morder.
Artimañas tendrá que planear
para que a alguno de ellos pueda
con calma y cómoda almorzar,
un mejor remedio no le queda.
Primero a Eder quiso desollar,
su problema; lo debe detener.
Con un camión lo quiere arrollar
para así no tener que contender.
Al detenerse Eder a tomar aire,
la muerte trata de darle alcance.
El runner al percatarse que viene
sale volando y nada lo detiene.
Tan rápido corre este asustado,
que el deseo de muerte va suceder,
carne y huesos se van separando
un nuevo miembro va a poseer.
Algunos corredores van al castillo
Jorge a la puerta ya ha llegado,
la huesuda emocionada propone
de cadete vista para ver su porte.
Emocionado se pone el uniforme
sin saber lo que ella hacer espera
con engaños a la azotea lo lleva,
toma la bandera y lo envuelve.
¿Quién diría que tan chico moriría?
Con tanta altura se dio un golpazo
ya nadie jamás lo encontraría
pues seis pies abajo a quedado.
La huesuda ya está encarrerada,
a alguno más quiere atrapar,
la siguiente perecerá asfixiada
para que así la pueda parar.
Va por las amigüis Karla y Gaucín,
corriendo y placidas van platicando,
cuando las cubre nube de aserrín
con esto frenarlas lo ha logrado.
Ni el Iron ahora de esta las salva,
pues la muerte el ojo le ha clavado
a él sólo le arrancará su alma
para que corra siempre castigado.
La siguiente víctima será Áurea,
gran fin la calaca le ha preparado
ya que aferrada está corriendo tanto
encerrada la deja en pequeña área.
Desearía con el rojo ser invisible
para hoy no ser tomada en cuenta
salvarse ahora ya no es posible,
la tumba fria es su próxima meta.
Alguien que quizá tenga vida eterna
es Charlie, quien algo le ha obsequiado
una larga túnica, cómoda y tersa prenda
que a la calaca sonrisa ha arrancado.
A los que aquí no son mencionados
no se sientan hechos a un lado,
en estos versos ser aludidos
los puede dejarlos muy asustados.
La muerte un mensaje ha dejado,
esta vida larga como un maratón
la corran sin miedo y con todo
que la única meta es el panteón.
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