martes, 3 de septiembre de 2013

EL ATAJO DESCUBIERTO



Sr. Director, con todo el respeto que merece de mi parte, además de una admiración que se ha extinguido por la penosa razón por la que ahora tengo que escribirle esta carta. No me gusta tratar los asuntos a través de misivas epistolares, lo que podría ser irónico pues siendo escritores con letras nos entendemos, pero es la única forma que encuentro para comunicarme con usted. Reconozco que no fue apropiada mi actitud cuando se negó a publicar mi reportaje, pero ya debería permitir mi ingreso al edificio. Le diré a mi favor que tampoco me debería haber mandado a sacar con dos gorilas. Era lógico que los manotazos salieran volando. Bueno, mejor voy al grano antes de recordarle los improperios que me gritaba desde su cómoda oficina mientras ya cuatro gorilas me sacaban cargando.

Le explicaré mi enojo. El artículo que presenté para la edición especial del maratón era una de las mejores oportunidades que podría tener algunas vez en sus manos para presentar algo completamente distinto a lo que presentamos y nos copian las demás revistas. No se ha dado cuenta que los lectores están cansados de leer el mismo menú en cada portada, sólo añadimos algunos postres distintos para que se queden con un sabor de boca diferente. Pues presumo que mi artículo no se quedaba en la sección de postres, era la entrada, plato fuerte y bebidas a refill. Un banquetazo. Desde lo que sucedió con lo de Roberto Madrazo no habíamos sabido de una historia similar. No podríamos desaprovechar todos estos ingredientes que recolecté en todo el año. Increíble que una carne tan jugosa traída desde Boston la esté dejando mosquearse. Aprovecho esta analogía gastronómica para decirle, una vez más, que los lectores ya no quieren saber de dietas para bajar de peso corriendo, eso lo han leído cada mes, si es que en un rato lo hacen. Basta con que se baje de su nube de semidios y escuche de lo que hablan las personas. Hoy ya no es tan difícil, en las redes sociales puede encontrar todo lo necesario para realizar por sí mismo esos estudios de mercados que tan caros y mal hechos le entregan. Ahí podrá darse cuenta que todos escriben sobre lo que ellos mismos hacen, se limitan con aderezar de más sus propias historias, pero, también disfrutan de las historias ajenas. Y no siempre tienen que ser sobre los éxitos deportivos, con los fracasos es con lo que se chupan los dedos. Debajo del mantel, claro. Ese es el placer culposo que disfrutan más y van a comprar como pizzas la noche previa al maratón. Les gusta saber sobre curiosidades, sobre cosas que pueden reprobar con toda saña. Eso vende casi igual que el sexo. A ver, dígame usted que está tan metido en este mundo, cuantas veces puede saber de uno solo entre tantos que se le ocurra hacer trampa de la forma que usted ya lo leyó. También lo disfrutó, no lo niegue, esa historia es oro molido que a usted se le escurrió entre los dedos. Dice que podrían sentirse afectadas algunas personas, pero mi relato no mencionaba a qué equipo pertenecía, y su nombre lo oculté bajo el seudónimo de T. S. Creo que con esto evitaba que se sintieran aludidos los personajes. Claro, nadie se quiere ver involucrado en una trampa como ésta. Es por eso que escribí todo como un documental falso. Entiendo que es un poco complicado de creer que T. S. se haya atrevido a burlarse de tal manera. Hay que ser de cara dura para festejar de tal forma frente a otros dos compañeros que lo vieron tronado y lo dejaron atrás. Nunca lo vieron pasar de nuevo, y resulta que llegó doce minutos antes que uno de los dos que lo dejaron rezagado. Al otro le ganó por dieciocho minutos. Terminó en un tiempo menor a las tres horas, tiempo suficiente para clasificar a Boston. Esa fue su ambición, creyó que en ese maratón lograría el tiempo que tantos corredores buscan. Así de fácil, como si cortando una piedra pudiera encontrar un tesoro. Pero para lograr el tiempo no cortó piedra alguna, nada más y nada menos que cortó el camino. ¿De qué otra manera podría recuperar casi quince minutos que llevaba de retraso a la mitad de la prueba? Recuerde que antes la ruta regresaba al mismo sitio, por lo que podía tomar algún atajo y listo; hasta veinte minutos recuperados. No es casualidad que el registro del kilómetro treinta esté en ceros. Es cierto que en ocasiones los sensores puedan fallar, no registrar el paso por un tapete. Lo acepto, puede pasar. Ahora saque su ábaco, calculadora, lápiz o use sus dedos para ir sacando cuentas.

El km5 lo pasó en 21:51 que en promedio equivale a correr cada kilómetro en 4:22. Si hace bien las cuentas se dará cuenta que para terminar un maratón en tres horas necesita promediar un ritmo de 4:16 cada kilómetro. Con el tiempo que pasó el primer registro podría llegar en 3:04:15. Apenas suficiente para poder inscribirse a Boston. Al km 10 pasó en 43:48 promediando el mismo ritmo. Al km 15 subió sólo un segundo el promedio, pasó en 1:05:47 lo que quiere decir que el parcial de 5km lo hizo en 22 minutos. Para el medio maratón ya iba a un ritmo de 4:31 cada kilómetro. A este ritmo terminaría la segunda mitad en 1:35:17. Si a este tiempo le sumas las 1:33:23 con que pasó la primera mitad de la carrera, pues ya terminaría con un tiempo total de 3:08:30, suponiendo que pudiera correr igual, sin cansarse ni bajar el ritmo. El km 25 lo pasó en 1:51:33 que son 18:10 minutos en el parcial del medio maratón al km25, para esto tendría que correr a 4:39 cada kilómetro. Ya perdió ritmo. El km 30 aparece en cero. Al km 35 su registro reporta que lleva un tiempo acumulado de 2:21:24. Si sigue sin hacer sus propias cuentas le haré la observación de que para lograr pasar en este tiempo ésta distancia, tendría que correr a un promedio de 4:02 cada kilómetro. Si sigue sin entender el punto, le muestro que del km25 al 35 hay un parcial de 29:49 en 10km, es decir, a 2:58 el kilómetro. Con ese ritmo terminaría el maratón en 2:05:10, apenas minuto y medio sobre el récord mundial de maratón. Al final llegó en 2:59:30. Del km 35 al 40 hizo más de 26 minutos, un ritmo muy por encima de con lo que inició. Recordará que esta fue la última carrera que se corrió atravesando la colonia Condesa para salir hacia Av. Revolución hacia el sur y dar vuelta en Mixcoac para llegar a Insurgentes y regresar a Reforma. El punto de registro de tiempo estaba sobre Mixcoac, que es la parte más lejana del recorrido. Siendo que la Condesa la limita Av. Insurgentes, no hay que ser un genio para saber que en algún punto de esta colonia, pasando el km25, salió del camino para avanzar a Insurgentes y aparecer antes del Km 35. El resto de la carrera lo corrió muy suave, a lo que podía, pues ya estaba fundido. Llegó a la meta con una sonrisa que engañaba a todo mundo. Se dio el lujo de festejar con todo su grupo ante las sospechas de dos de sus compañeros que seguían sin saber qué había hecho para llegar tan fresco y en tan buen tiempo.

Seguramente aún tiene la duda de lo que tuvo que hacer para lograr este corte de camino, la ruta es fácil. Se detuvo en la calle de Alfonso Reyes, casi equina con Tamaulipas, esto es en Hipódromo Condesa. Ahí es donde se encontró el km25 y donde estaban los registros de los parciales. En este punto se paró, se dio por vencido ante su agotamiento, así que caminó en sentido contrario a la carrera, dos calles tuvo que recorrer para abandonar la ruta y seguir caminando hacia la Av. Nuevo León, lo cual sólo son seis calles. A una calle está la Av. Baja California, una vez ahí tuvo que caminar tres calles para llegar a Av. Insurgentes, justo donde estaba colocado el km35 y el registro de parciales. Para esto ya vimos que tuvo más de 29 minutos para descansar, refrescarse y caminar cerca de un kilómetro para reincorporarse a la carrera. El mérito de T.S. es que su atajo fue más largo que el que hizo Roberto Madrazo en Berlín.

Como ve esta historia más allá de ser una cacería de brujas es más una anécdota para ser disfrutada por los que se congratulan por ser políticamente correctos, como por los que se mojan los labios nada mas ven a alguien tropezar.

Lo lamentable era el desenlace con lo ocurrido en el maratón de Boston al que sí asistió T.S. Claro, con un certificado en el que sólo revisaron el tiempo final y no los parciales. Para eso estamos los periodistas. En Boston iba corriendo para terminar muy cerca del tiempo que marcó en México, pero la colina rompe corazones le cobró factura y terminó con un 3:08 que lo coloca en un buen lugar para sus capacidades. Llegó una hora antes de aquellas bombas que provocaron tantos heridos y lamentables muertes.

Avíseme cuando publique la historia que escribí, es lo menos que puede hacer, ya que la publicará bajo su firma y sin pagarme nada. Lo conozco bien.