Sr. Director, con todo el respeto que
merece de mi parte, además de una admiración que se ha extinguido por la penosa
razón por la que ahora tengo que escribirle esta carta. No me gusta tratar los
asuntos a través de misivas epistolares, lo que podría ser irónico pues siendo
escritores con letras nos entendemos, pero es la única forma que encuentro para
comunicarme con usted. Reconozco que no fue apropiada mi actitud cuando se negó
a publicar mi reportaje, pero ya debería permitir mi ingreso al edificio. Le
diré a mi favor que tampoco me debería haber mandado a sacar con dos gorilas.
Era lógico que los manotazos salieran volando. Bueno, mejor voy al grano antes
de recordarle los improperios que me gritaba desde su cómoda oficina mientras
ya cuatro gorilas me sacaban cargando.
Le explicaré mi enojo. El artículo que
presenté para la edición especial del maratón era una de las mejores
oportunidades que podría tener algunas vez en sus manos para presentar algo
completamente distinto a lo que presentamos y nos copian las demás revistas. No
se ha dado cuenta que los lectores están cansados de leer el mismo menú en cada
portada, sólo añadimos algunos postres distintos para que se queden con un
sabor de boca diferente. Pues presumo que mi artículo no se quedaba en la sección
de postres, era la entrada, plato fuerte y bebidas a refill. Un banquetazo.
Desde lo que sucedió con lo de Roberto Madrazo no habíamos sabido de una
historia similar. No podríamos desaprovechar todos estos ingredientes que
recolecté en todo el año. Increíble que una carne tan jugosa traída desde
Boston la esté dejando mosquearse. Aprovecho esta analogía gastronómica para
decirle, una vez más, que los lectores ya no quieren saber de dietas para bajar
de peso corriendo, eso lo han leído cada mes, si es que en un rato lo hacen.
Basta con que se baje de su nube de semidios y escuche de lo que hablan las
personas. Hoy ya no es tan difícil, en las redes sociales puede encontrar todo
lo necesario para realizar por sí mismo esos estudios de mercados que tan caros
y mal hechos le entregan. Ahí podrá darse cuenta que todos escriben sobre lo
que ellos mismos hacen, se limitan con aderezar de más sus propias historias,
pero, también disfrutan de las historias ajenas. Y no siempre tienen que ser
sobre los éxitos deportivos, con los fracasos es con lo que se chupan los
dedos. Debajo del mantel, claro. Ese es el placer culposo que disfrutan más y
van a comprar como pizzas la noche previa al maratón. Les gusta saber sobre
curiosidades, sobre cosas que pueden reprobar con toda saña. Eso vende casi
igual que el sexo. A ver, dígame usted que está tan metido en este mundo,
cuantas veces puede saber de uno solo entre tantos que se le ocurra hacer
trampa de la forma que usted ya lo leyó. También lo disfrutó, no lo niegue, esa
historia es oro molido que a usted se le escurrió entre los dedos. Dice que
podrían sentirse afectadas algunas personas, pero mi relato no mencionaba a qué
equipo pertenecía, y su nombre lo oculté bajo el seudónimo de T. S. Creo que
con esto evitaba que se sintieran aludidos los personajes. Claro, nadie se
quiere ver involucrado en una trampa como ésta. Es por eso que escribí todo
como un documental falso. Entiendo que es un poco complicado de creer que T. S.
se haya atrevido a burlarse de tal manera. Hay que ser de cara dura para
festejar de tal forma frente a otros dos compañeros que lo vieron tronado y lo
dejaron atrás. Nunca lo vieron pasar de nuevo, y resulta que llegó doce minutos
antes que uno de los dos que lo dejaron rezagado. Al otro le ganó por dieciocho
minutos. Terminó en un tiempo menor a las tres horas, tiempo suficiente para
clasificar a Boston. Esa fue su ambición, creyó que en ese maratón lograría el
tiempo que tantos corredores buscan. Así de fácil, como si cortando una piedra
pudiera encontrar un tesoro. Pero para lograr el tiempo no cortó piedra alguna,
nada más y nada menos que cortó el camino. ¿De qué otra manera podría recuperar
casi quince minutos que llevaba de retraso a la mitad de la prueba? Recuerde
que antes la ruta regresaba al mismo sitio, por lo que podía tomar algún atajo
y listo; hasta veinte minutos recuperados. No es casualidad que el registro del
kilómetro treinta esté en ceros. Es cierto que en ocasiones los sensores puedan
fallar, no registrar el paso por un tapete. Lo acepto, puede pasar. Ahora saque
su ábaco, calculadora, lápiz o use sus dedos para ir sacando cuentas.
El km5 lo pasó en 21:51 que en promedio
equivale a correr cada kilómetro en 4:22. Si hace bien las cuentas se dará
cuenta que para terminar un maratón en tres horas necesita promediar un ritmo
de 4:16 cada kilómetro. Con el tiempo que pasó el primer registro podría llegar
en 3:04:15. Apenas suficiente para poder inscribirse a Boston. Al km 10 pasó en
43:48 promediando el mismo ritmo. Al km 15 subió sólo un segundo el promedio,
pasó en 1:05:47 lo que quiere decir que el parcial de 5km lo hizo en 22
minutos. Para el medio maratón ya iba a un ritmo de 4:31 cada kilómetro. A este
ritmo terminaría la segunda mitad en 1:35:17. Si a este tiempo le sumas las
1:33:23 con que pasó la primera mitad de la carrera, pues ya terminaría con un
tiempo total de 3:08:30, suponiendo que pudiera correr igual, sin cansarse ni
bajar el ritmo. El km 25 lo pasó en 1:51:33 que son 18:10 minutos en el parcial
del medio maratón al km25, para esto tendría que correr a 4:39 cada kilómetro.
Ya perdió ritmo. El km 30 aparece en cero. Al km 35 su registro reporta que
lleva un tiempo acumulado de 2:21:24. Si sigue sin hacer sus propias cuentas le
haré la observación de que para lograr pasar en este tiempo ésta distancia,
tendría que correr a un promedio de 4:02 cada kilómetro. Si sigue sin entender
el punto, le muestro que del km25 al 35 hay un parcial de 29:49 en 10km, es
decir, a 2:58 el kilómetro. Con ese ritmo terminaría el maratón en 2:05:10,
apenas minuto y medio sobre el récord mundial de maratón. Al final llegó en
2:59:30. Del km 35 al 40 hizo más de 26 minutos, un ritmo muy por encima de con
lo que inició. Recordará que esta fue la última carrera que se corrió atravesando
la colonia Condesa para salir hacia Av. Revolución hacia el sur y dar vuelta en
Mixcoac para llegar a Insurgentes y regresar a Reforma. El punto de registro de
tiempo estaba sobre Mixcoac, que es la parte más lejana del recorrido. Siendo que
la Condesa la limita Av. Insurgentes, no hay que ser un genio para saber que en
algún punto de esta colonia, pasando el km25, salió del camino para avanzar a
Insurgentes y aparecer antes del Km 35. El resto de la carrera lo corrió muy
suave, a lo que podía, pues ya estaba fundido. Llegó a la meta con una sonrisa
que engañaba a todo mundo. Se dio el lujo de festejar con todo su grupo ante
las sospechas de dos de sus compañeros que seguían sin saber qué había hecho
para llegar tan fresco y en tan buen tiempo.
Seguramente aún tiene la duda de lo que
tuvo que hacer para lograr este corte de camino, la ruta es fácil. Se detuvo en
la calle de Alfonso Reyes, casi equina con Tamaulipas, esto es en Hipódromo
Condesa. Ahí es donde se encontró el km25 y donde estaban los registros de los
parciales. En este punto se paró, se dio por vencido ante su agotamiento, así
que caminó en sentido contrario a la carrera, dos calles tuvo que recorrer para
abandonar la ruta y seguir caminando hacia la Av. Nuevo León, lo cual sólo son
seis calles. A una calle está la Av. Baja California, una vez ahí tuvo que caminar
tres calles para llegar a Av. Insurgentes, justo donde estaba colocado el km35
y el registro de parciales. Para esto ya vimos que tuvo más de 29 minutos para
descansar, refrescarse y caminar cerca de un kilómetro para reincorporarse a la
carrera. El mérito de T.S. es que su atajo fue más largo que el que hizo
Roberto Madrazo en Berlín.
Como ve esta historia más allá de ser una
cacería de brujas es más una anécdota para ser disfrutada por los que se
congratulan por ser políticamente correctos, como por los que se mojan los
labios nada mas ven a alguien tropezar.
Lo lamentable era el desenlace con lo
ocurrido en el maratón de Boston al que sí asistió T.S. Claro, con un
certificado en el que sólo revisaron el tiempo final y no los parciales. Para
eso estamos los periodistas. En Boston iba corriendo para terminar muy cerca
del tiempo que marcó en México, pero la colina rompe corazones le cobró factura
y terminó con un 3:08 que lo coloca en un buen lugar para sus capacidades. Llegó
una hora antes de aquellas bombas que provocaron tantos heridos y lamentables
muertes.
Avíseme cuando publique la historia que
escribí, es lo menos que puede hacer, ya que la publicará bajo su firma y sin
pagarme nada. Lo conozco bien.
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